EQUIPAJE NAVIDEÑO
Este año ocurrió de nuevo. Me traigo unos maletones abigarrados con zapatos de varias clases, con mis últimas prendas adquiridas (el jersey de lana por si hace frío, las camisetas por si sale el sol, el vestido de niña bien para la cena de nochebuena, la mini por si salgo de copas…) Desastre total.
Siempre se me olvidan, en primer lugar, las perlas y el traje de chaqueta, que harían las delicias de la abuela, y no estos botines de leopardo que me costaron el ojo izquierdo de la cara (el más sano), que esta adorable anciana vio y alabó para después preguntar con el labio torcido si eran del mercadillo.
En segundo lugar pero no menos importante, nunca meto el pijama y las zapatillas, la vestimenta estrella en estos días en los que no salgo de casa y que acabo robando a mi hermano/a.
De vuelta a Madrid más cargada aún, con la ropa intacta, con los regalitos de reyes, acosada por las bolsas, encajada en los pasillos del tren, jurando y perjurando que el próximo año no me va a ocurrir igual, no me va a pasar, no, y mientras bajo del tren a hostias con el equipaje voy diseñando en mi cabeza el pijama multiusos…





