miércoles, diciembre 28, 2005

EQUIPAJE NAVIDEÑO

Es curioso. Cerré el chiringuito por navidad que es cuando más tiempo tengo para escribir unas líneas. Vuelvo a casa, duermo como Cenicienta y me tiro delante del sofá, con la caja tonta encendida y el libro cerrado a mi lado, para los momentos de zapping, sin nada más que hacer, esperando a que mamá me ponga delante de las narices todo lo que no como el resto del año. Me dejo arrastrar por la vagancia, esperando que vuelva la noche para volver a meterme en la cama.
Este año ocurrió de nuevo. Me traigo unos maletones abigarrados con zapatos de varias clases, con mis últimas prendas adquiridas (el jersey de lana por si hace frío, las camisetas por si sale el sol, el vestido de niña bien para la cena de nochebuena, la mini por si salgo de copas…) Desastre total.
Siempre se me olvidan, en primer lugar, las perlas y el traje de chaqueta, que harían las delicias de la abuela, y no estos botines de leopardo que me costaron el ojo izquierdo de la cara (el más sano), que esta adorable anciana vio y alabó para después preguntar con el labio torcido si eran del mercadillo.
En segundo lugar pero no menos importante, nunca meto el pijama y las zapatillas, la vestimenta estrella en estos días en los que no salgo de casa y que acabo robando a mi hermano/a.
De vuelta a Madrid más cargada aún, con la ropa intacta, con los regalitos de reyes, acosada por las bolsas, encajada en los pasillos del tren, jurando y perjurando que el próximo año no me va a ocurrir igual, no me va a pasar, no, y mientras bajo del tren a hostias con el equipaje voy diseñando en mi cabeza el pijama multiusos…

miércoles, diciembre 14, 2005

PEOPLE FROM IBIZA

Asturias (Txe), Bilbao (Gui), Sevilla (Vir), Barcelona (Edgar, el fotógrafo), Cádiz (yo).
No, no somos de Ibiza, tampoco vivimos allí, pero entre todos formamos una pequeña isla, abierta a todos los visitantes y con posibilidad de expansión.






SALE EL SOL... Y OCHO CUENTOS MÁS.


Jorge Cela Trulock escribió un librito de relatos con este título en 1999. Son historias como de plastilina, palabras de colores vivos inmersas en un aire denso y quieto. Me gustó.
Aquí las cosas empiezan a mejorar, cogen fuerza como esas palabras, todo se tiñe de rosa –viva el neocursismo- al igual que en la foto tomada el invierno pasado en la que de nuevo aparezco con disfraz, y es que mi vida es siempre un Carnaval… Esta vez me tocó ser una Miss con una inscripción de “Primera Dama de Horror” estampada con barra de labios en una banda de papel higiénico que no se ve del todo.
Observando la foto hoy, me di cuenta de que estoy en tirantes, ligerita de ropa, inmune a la hipotermia, para eso soy modelo, como todos mis compis de piso.
Pero hay algo más: me di cuenta de que se aventura la inminente aparición de una sombrilla que intento alzar.
Ahora lo veo claro: En la instantánea estoy aguardando el sol. A lo mejor, está por llegar. Y quizás con él, los ocho cuentos, que ya estoy harta de tanta sequía creativa, joder!

jueves, diciembre 08, 2005

NO HABLES...

El sábado hicimos una fiesta de disfraces en casa. Yo me puse un kimono de geisha que me prestó Vir y que hizo las delicias de los presentes. Tras el evento, en el que recité un repertorio extensísimo de canciones chinas tradicionales, acabé tan metida en el papel que mi voz abandonó el cuerpo y me convertí en una dulce y sumisa chinita que asentía y daba la razón a las damas y caballeros que asistieron al evento.
Pues bien, tras el meeting me quité el moño, el disfraz, las trenzas postizas... pero no encontré la voz por ninguna parte. Aún no ha vuelto. ¿Habrá encontrado a alguien que le dé más miel y caramelos Halls? Desde entonces estoy muy refunfuñona, la echo de menos, me quejo por todo, me gustaría mandar a todo el mundo a volar con las moscas puñeteras en misión especial (o espacial), pero sólo sale una especie de aullido ronco –parezco Macario sin J.L. Moreno- que a todos da risa.
Aunque me gustaría gritar, seguro que cuando vuelva mi vocecita (quizás vuelva en navidad con el turrón) me quedaré muda.
Porque la voz vuelve, las cosas pasan y yo al fin y al cabo, soy muy calladita, recatada y silenciosa.

viernes, diciembre 02, 2005

GRECIA

Hoy alguien cercano a mí estará deambulando con gafas de sol por alguna de estas calles. Sí, bajo este cielo azul de foto. Recibí una llamada, aquí hace calor, estaremos a veinte grados. Qué ilusión. En Madrid el cielo es de plomo y yo hiberno enfundada en mi pijama, esperando la primavera, unas vacaciones, algo que me dé calorcito (esta estufa raquítica es insuficiente) o que caigan unos milloncejos de ahí arriba que ya está bien de lluvia (perdón, hay sequía), pero necesito algo que me haga salir, estoy harta de estar encerrada en esta casa que se nos cae a cachos y necesita más reformas que el mismísimo Partenón.

martes, noviembre 29, 2005

DRIVING TO HEAVEN

Un día ya no estás, un día tu corazón se para como un viejo reloj de cuerda que no puedes arreglar, sin más, no importa si llevaba un año funcionando o cien. Caput.
Él se fue el sábado en coche, ¿hacia dónde se dirige? No sé. No se me ocurre nada. Tal vez a la oscuridad, a una oscuridad densa y silenciosa que ni siquiera puede oler o palpar. Allí se quedó. En la carretera, sin destino. Se me viene a la cabeza una y otra vez una canción de Deep Dish, Driving to Heaven, and there's no way at home (o algo así decía)...
Sólo solté una lágrima, una. Tal vez porque siempre que su imagen aparece tiene una sonrisa muy grande, el muy cabrón, y me entran ganas de descojonarme con él, pero aguanto, eso no está bien.
Los días pasan sin que yo arranque las hojas del calendario, me estoy haciendo mayor, este blog empieza a parecerse a una especie de recordatorio de todos aquellos que se van (unos a sitios mejores, otros a sitios peores, gente que estuvo y no está).
Tuve bronca con Virgin, después con Isaac.
Tonterías. Baches. Vacas flacas. Salirse del pellejo. Cama. Curro. Fiesta. Besos. Frío. Calor. Hoy. Mañana.
That’ life.

sábado, noviembre 26, 2005

YO SIN TARJETA DE CRÉDITO

Madrid está cubierto de sol, de ese sol que te invita a salir a la calle a hacer cosas, de ese sol que sabes que durará poco, tal vez dos o tres horas, que dará paso al frío que se me irá colando por dentro y me dejará con el culo congelado y bien clavado en el sillón.
Quiero aprovechar el día, ir a tomar cañas (no tengo dinero),
comprarme algún trapito (no tengo dinero),
ver los cuadros de Hopper en el Thyssen (no tengo dinero),
echar una ojeada en la cuesta de los libreros y pillarme El oficio de vivir de Pavese si estuviese (no tengo dinero),
ir al cine a ver la última de Coixet, Woody Allen o Tim Burton (no tengo dinero)
o comer a un restaurante bonito del barrio de Chueca (no tengo dinero).
Y tampoco tengo MasterCard.
Jo, qué putada.
Aunque siempre puedo ir a pasear o ver exposiciones gratuitas (como la de Plagiarismo en la Casa Encendida), o poner cara de peni y que Txe me invite a comer unas bravas en Lavapiés, para después llegar a casa y que me haga un café calentito mientras escribo y de paso me diga que él tiene el libro citado anteriormente…
Y es que son listos estos publicistas, hay cosas que no tienen precio.

miércoles, noviembre 16, 2005

SUERTE EN SEVILLA

Regresas al Sur, como la protagonista de la película de Erice. ¿Fin de trayecto?
Vuelves a la feria y al rebujito que nunca eché de menos, al sol de primavera y jardines de Murillo, a tomar cañas en ese pedacito de mundo que siempre será mío, a la Alameda, a la facultad sin estudiantes en la que una y pocas veces más nos vimos, vuelves a tu gente, al acento, a la ciudad dormida que se hunde en tradición y que renace exultante y victoriosa, prepotente, bajo el sol.
Vuelves al lugar al que un día me gustaría regresar a echar raíces y canas, que por cierto, empiezan a aparecer. Fin de trayecto.

Suerte y al toro. Va por ti, ¡torero!
A David

NIEBLA, AIRE, AGUA, ESPUMA

Hoy el cielo es de humo, y desde las alturas puedo caer,
caer sin llegar al suelo, convertirme en niebla y desaparecer…
Difuminarme y llegar silenciosa a todos los rincones,
espiando, sin respirar, sin ser.
Porque ahora estoy,
estoy escribiendo, en la calle, en la cama, en el médico.
Estoy aquí y allí, sin estar, o estando,
aunque no estuviese la gente estaría,
en los bares, en el cine, en la cocina,
y donde un día estuve yo estarán otros, y todo será lo mismo.
Si fuese aire, o agua, o espuma,
seguiría mi curso más allá del recuerdo,
sin ser el centro, girando
sin extinguirme.
Hoy me siento pequeña y tengo miedo,
de no sentir, de que no sientan,
de ser un libro de hojas gastadas que pasa de mano en mano,
de acabar en una estantería junto a otros libros cubiertos de polvo,
sin nadie que pase la página y quiera entender,
de ser un jarrón que,
hecho añicos,
se sustituye por otro horroroso
comprado en el todo a cien.